Jugando a ser la mama invisible
Ridiculez y Pink son dos nombres que fácilmente podrían ser intercambiables. Hay límites claro: generalmente me averguenza mucho todas las simples cosas que el resto hace con naturalidad pero me desenvuelvo como pez en el agua en el rubro "humpty dundydadas" (como las llama el sr. Pink).
La ridiculez de la quincena de agosto, sin embargo, no fue improductiva. Tal vez ponerme un traje dos tallas más chicas de un muñeco llamado Baby Bop y vitrinearme por la Petit Thuars sin la cabeza dinosáurica roce con lo huachafo, pero vestida y alborotada para darle alegría a mis chicos y a sus amiguitos -por 30 soles más garantía- poco importa.
Cumplí así sin proponérmelo el sueño de la invisibilidad, no tuve tiempo de sentir escrúpulos del tipo estar hurgando el diario a la hija pre-teen; tampoco ese goce mal sano de cierta mamá que su lubricación máxima es el sueño de poner cámaras en el aula para monitorear a su nena vía webcam. Tampoco.
El sueño de la invisibilidad se convirtió pronto en la realidad de un traje asfixiante, un apestoso sauna portátil, visión borrosa y un par de gomasos. A Dios gracias fue un traje tipo Barney y no Píos Chicken.

Lucero dijo
Yo experimenté lo mismo, pero no con mis hijos, siendo "La Plumis" y luego el "Caza Hambuerguesas" en McDonalds. Mostro que no sepan quién eres, el sauna sale gratis, maleado que te hinquen toda. Saludos.
27 Agosto 2007 | 04:29 PM